El gobernador Rolando Figueroa viene planteando que los recursos generados por la actividad hidrocarburífera deben volver a la provincia en forma de infraestructura básica, conectividad vial, más escuelas, nuevas viviendas y un sistema de salud fortalecido. La mirada oficial apunta a ordenar las prioridades y orientar la inversión pública hacia las necesidades reales de la población.
En ese esquema, las rutas aparecen como un eje estratégico. No solo por su importancia para la producción y el movimiento económico, sino también por su impacto directo en la vida cotidiana de las localidades, en la seguridad vial y en la integración de zonas que durante años reclamaron mayor presencia del Estado.
La educación también forma parte de esa planificación. El crecimiento demográfico que atraviesa Neuquén exige ampliar la capacidad del sistema escolar, acompañar a las familias y garantizar que el desarrollo económico no avance por un carril separado de las necesidades sociales.
Lo mismo ocurre con la vivienda y la salud, dos demandas sensibles en una provincia que crece al ritmo de nuevas inversiones y mayor llegada de trabajadores. Para el gobierno provincial, el desafío no es solo atraer capitales, sino lograr que ese movimiento se vea reflejado en mejores condiciones de vida para los neuquinos.
De esta manera, Figueroa busca instalar una idea de gestión: Vaca Muerta no puede ser únicamente un motor económico para el país, sino también una herramienta concreta para financiar el desarrollo de Neuquén, ordenar el crecimiento y poner primero a quienes viven y trabajan en la provincia.

