El cambio en Neuquén comienza a reflejarse con claridad en indicadores concretos de la economía real, donde el empleo, el crecimiento y la construcción se consolidan como pilares visibles de la gestión. En un contexto nacional desafiante, la provincia logra mostrar dinamismo propio, apalancado en una estrategia que combina desarrollo energético, inversión y planificación.
El crecimiento del empleo es uno de los datos más contundentes. La expansión de la actividad en Vaca Muerta generó una demanda sostenida de trabajadores, tanto en el sector hidrocarburífero como en actividades asociadas. Esto no solo redujo los niveles de desocupación, sino que también impulsó la formalización laboral y la creación de nuevos puestos en sectores clave como servicios, transporte y comercio.
En paralelo, la economía neuquina evidencia un ritmo de crecimiento superior al promedio nacional. La mayor actividad productiva se traduce en un aumento del consumo interno y en una mayor circulación de recursos dentro de la provincia. Este dinamismo fortalece el entramado económico local y posiciona a Neuquén como uno de los motores del desarrollo en la región patagónica.
La construcción, por su parte, se convierte en un termómetro claro de este proceso. El avance de obras públicas y privadas, vinculadas tanto a la infraestructura energética como al desarrollo urbano, muestra un nivel de actividad sostenido. Nuevas rutas, ampliación de servicios y proyectos habitacionales acompañan el crecimiento poblacional y productivo, evitando cuellos de botella y generando empleo directo e indirecto.
Este conjunto de indicadores da cuenta de un cambio que trasciende lo discursivo y se materializa en resultados tangibles. Sin embargo, el desafío hacia adelante será sostener este ritmo de crecimiento, diversificar la matriz productiva y garantizar que el desarrollo continúe siendo equilibrado, inclusivo y sostenible en el tiempo.

