El índice que mide la desconfianza de los mercados en Argentina trepó por encima de los 600 puntos básicos y su impacto llega directo al bolsillo de los argentinos, a los presupuestos provinciales y a los proyectos de inversión en la Patagonia.
El riesgo país de Argentina volvió a encender alarmas al superar los 600 puntos básicos, un número que no es solo una cifra financiera sino que tiene consecuencias muy concretas para la vida cotidiana. Básicamente, este índice mide cuánto más le cuesta a Argentina endeudarse comparado con Estados Unidos: cuando sube, el país paga tasas más altas para conseguir dólares, y eso se traslada en cadena a todo el sistema económico, desde el crédito hasta los precios en el almacén.
El efecto más directo lo sienten las provincias, que ven cómo se les complica financiarse para obras y servicios, y los proyectos de inversión privada como los de Vaca Muerta, el yacimiento de hidrocarburos en Neuquén que necesita miles de millones de dólares del exterior para crecer. Cuando el riesgo país está alto, las empresas extranjeras piensan dos veces antes de traer plata a la Argentina, porque el contexto se percibe como inestable y caro.
Para los argentinos de a pie, la suba del riesgo país se siente en el tipo de cambio, en las tasas de los créditos y en la inflación que no cede. Cada vez que el índice escala, el margen del gobierno para negociar con el Fondo Monetario Internacional o conseguir financiamiento externo se achica. Según Diario Río Negro, la situación enciende señales de alerta tanto para la economía nacional como para las economías regionales que dependen de inversiones como las de la cuenca neuquina.


