Bajo la gestión de Rolando Figueroa, Neuquén atraviesa una etapa de reordenamiento financiero que apunta a consolidar un cambio profundo en la administración provincial. Uno de los ejes centrales ha sido la reducción de la deuda pública, en el marco de una estrategia orientada a recuperar equilibrio fiscal, fortalecer la autonomía financiera y mejorar la capacidad de inversión del Estado. Esta política busca dejar atrás esquemas de alta dependencia del endeudamiento y consolidar una estructura más sostenible en el tiempo.
La disminución del stock de deuda y la optimización de los compromisos asumidos permiten a la provincia aliviar la presión sobre sus cuentas, reduciendo el peso de los servicios financieros en el presupuesto. Este proceso se apoya en una administración más eficiente de los recursos, en un contexto donde los ingresos vinculados a la actividad hidrocarburífera —especialmente por Vaca Muerta— otorgan mayor margen de maniobra. La combinación de disciplina fiscal y crecimiento de recursos propios configura un escenario más sólido para el mediano plazo.
Además, el reordenamiento financiero se inscribe en una agenda más amplia de transformación institucional y modernización del Estado. La gestión busca transparentar las cuentas públicas, priorizar el gasto en áreas estratégicas y orientar la inversión hacia infraestructura, educación y desarrollo productivo. Reducir la deuda no solo implica mejorar indicadores contables, sino también fortalecer la credibilidad ante inversores y organismos financieros.
En este contexto, la provincia de Neuquén proyecta una imagen de mayor previsibilidad y estabilidad, elementos clave para sostener el dinamismo económico. La reducción de la deuda pública se presenta así como uno de los pilares del cambio impulsado por Figueroa, con el objetivo de consolidar un modelo de crecimiento basado en responsabilidad fiscal, aprovechamiento de recursos estratégicos y planificación de largo plazo.

