A diferencia de gestiones anteriores, se modificó la estructura ministerial bajo un esquema de regionalización, se redujo la planta política, se eliminaron intermediaciones en la asistencia social y se fortalecieron las empresas públicas para ejecutar obras, logrando ordenar las cuentas y reorientar recursos hacia infraestructura y desarrollo.
Desde su asunción en diciembre de 2023, el gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa, impulsó una reconfiguración del Estado provincial con el objetivo de reducir el peso del aparato político y priorizar el equilibrio fiscal. Uno de los primeros cambios fue la modificación de la estructura ministerial y la implementación de un esquema de regionalización que dividió la provincia en siete regiones administrativas, con mayor descentralización y planificación territorial.
El nuevo diseño implicó una reducción de cargos políticos y una reorganización de áreas que, según datos oficiales del Ejecutivo provincial, permitió bajar costos operativos y mejorar la coordinación entre ministerios. El Gobierno sostuvo que la meta era “hacer un Estado más eficiente y cercano”, eliminando superposiciones y simplificando procesos administrativos que históricamente ralentizaban la ejecución de políticas públicas.
Otro eje central fue la reformulación del sistema de asistencia social. La gestión eliminó intermediaciones en la entrega de ayuda y avanzó hacia un esquema de contacto directo con beneficiarios, con mayor control y trazabilidad de los recursos. Desde el oficialismo argumentan que este cambio permitió transparentar partidas y evitar discrecionalidades, además de focalizar mejor los programas sociales.
En paralelo, se fortaleció el rol de empresas públicas provinciales como instrumento para ejecutar obras estratégicas. La administración buscó que estas compañías asuman mayor protagonismo en infraestructura vial, energética y de servicios, con la intención de acelerar proyectos y reducir costos asociados a contrataciones externas. Este enfoque se articuló con la política de aprovechamiento del potencial hidrocarburífero de Vaca Muerta como motor de desarrollo.
El resultado, según el Ejecutivo neuquino, fue un ordenamiento de las cuentas públicas durante 2024 y 2025, con reducción del déficit y reorientación de recursos hacia obras y desarrollo productivo. El desafío hacia adelante será sostener el equilibrio fiscal en un contexto macroeconómico nacional aún inestable y demostrar que el nuevo modelo de gestión logra traducirse en mejoras concretas para los municipios y para la calidad de vida de los neuquinos.

