El gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa, volvió a defender el denominado “modelo neuquino” como eje de su gestión, basado en el orden fiscal, la reducción del gasto político y una fuerte priorización de áreas estratégicas como educación, salud y obra pública. Según destacan desde el Ejecutivo provincial, la combinación de austeridad y planificación permitió recuperar previsibilidad financiera en un contexto económico nacional complejo.

La administración provincial cerró por segundo año consecutivo con superávit financiero y operativo, un dato que el oficialismo remarca como un hito tras más de dos décadas sin resultados fiscales positivos sostenidos. En paralelo, la deuda pública provincial se redujo de manera significativa desde el inicio de la gestión, mejorando la relación entre compromisos asumidos e ingresos corrientes y fortaleciendo la autonomía fiscal.

Desde el Gobierno aseguran que estos resultados fueron posibles gracias a una política estricta de control del gasto, con recortes en partidas consideradas innecesarias, reducción de estructuras y revisión de contratos. Figueroa ha insistido en que el objetivo es “ordenar para crecer”, eliminando privilegios y reasignando recursos hacia áreas que impacten directamente en la calidad de vida de la población.

En materia educativa, la provincia decidió sostener con fondos propios programas y partidas que históricamente dependían del financiamiento nacional. Esto incluyó el acompañamiento a salarios docentes y la continuidad de iniciativas pedagógicas, con una inversión millonaria destinada a garantizar el funcionamiento del sistema aun frente a recortes o demoras en transferencias externas.

La salud pública también fue señalada como prioridad, con refuerzos presupuestarios para hospitales, centros de atención primaria y equipamiento. A la par, la seguridad y el fortalecimiento de servicios esenciales forman parte del esquema de inversión que el Ejecutivo considera clave para consolidar el desarrollo provincial.

La obra pública ocupa un lugar central dentro del presupuesto proyectado para 2026, con una fuerte asignación de recursos a infraestructura vial, escolar, sanitaria y de servicios básicos. El Gobierno sostiene que actualmente puede financiar con recursos propios la gran mayoría de las obras en ejecución, lo que le permite mantener un ritmo sostenido de proyectos sin comprometer el equilibrio fiscal.