El gobernador asumió con el objetivo de generar un Estado provincial eficiente. En este sentido, encabezó una revisión del comportamiento de empleados estatales con exigencias estrictas y “tolerancia cero”. El resultado es contundente: cientos de despidos por ineficiencia, faltas injustificadas y demás.

Neuquén profundiza su política de orden y eficiencia estatal con una decisión clara: no hay lugar para los ñoquis en la administración pública. Desde el inicio de su gestión, el gobernador Rolando “Rolo” Figueroa dejó en claro que uno de sus principales objetivos era construir un Estado provincial más ágil, responsable y al servicio de los ciudadanos, y esa línea de acción se mantiene sin retrocesos.

Bajo el concepto de “tolerancia cero”, el gobierno provincial encabezó una revisión exhaustiva del comportamiento y desempeño de los empleados estatales. El proceso incluyó controles de asistencia, evaluación de funciones reales y verificación del cumplimiento de tareas, con exigencias estrictas orientadas a erradicar prácticas que durante años afectaron la eficiencia del Estado.

Los resultados fueron contundentes: cientos de despidos vinculados a ineficiencia, faltas injustificadas, incumplimientos reiterados y situaciones irregulares que no podían sostenerse dentro de una administración moderna. Desde el Ejecutivo provincial remarcaron que no se trata de un ajuste indiscriminado, sino de una depuración necesaria para cuidar los recursos públicos que pertenecen a todos los neuquinos.

Con esta política, Figueroa refuerza un mensaje claro: el Estado debe funcionar con reglas, compromiso y responsabilidad. La eliminación de privilegios injustificados permite optimizar el gasto público, fortalecer los servicios esenciales y recuperar la confianza de la sociedad en la gestión pública, consolidando un modelo de gobierno basado en el mérito, el trabajo y la transparencia.