Cada año, en octubre y noviembre, la árida Patagonia costera sorprende con un fenómeno inesperado: miles de pequeñas flores cubren el paisaje y revelan la transformación de un ecosistema en recuperación.

Durante unas pocas semanas, el terreno áspero y gris de la estepa se convierte en una alfombra blanca. A la distancia parece escarcha o nieve, sin embargo, es solo cuestión de acercarse un poco para asimilar que en realidad son diminutas flores que irrumpen sobre el horizonte seco y ventoso.

El fenómeno ocurre en lugares como Bahía Bustamante, en Chubut, donde la monotonía del paisaje árido y de los arbustos bajos da paso a un estallido de color. El nombre técnico de esta pequeña flor blanca, localmente conocida como wansi, es Cardaria draba , una especie introducida que encontró su espacio en suelos alterados por la ganadería.

Graciela Fernández (guía local) explica que esta flor, no es una flor nativa y que “puede haber llegado con las ovejas o con los inmigrantes”. Sin embargo, afirma que “tiene algo especial: anuncia un cambio”.

Ese cambio se refleja en el presente: antiguas tierras de pastoreo forman hoy parte de áreas de conservación del parque Patagonia Azul, impulsadas por Rewilding Argentina. Allí, el paisaje revela una biodiversidad que regresa con fuerza: molles, calafates, algarrobillos y hasta cactus se suman a esta nueva etapa de la estepa.