Un estudio reciente alerta sobre el vínculo entre el consumo elevado de suplementos de cúrcuma y el aumento de casos de lesiones hepáticas. Una mujer en Nueva Jersey fue hospitalizada tras ingerir dosis muy superiores a las aconsejadas —y los expertos advierten: “natural” no significa seguro.
Un estudio publicado en julio de 2025 ha encendido las alarmas al relacionar directamente el consumo excesivo de suplementos de cúrcuma con un incremento en los casos de daño hepático. El caso más resonante es el de una mujer de 57 años en Nueva Jersey, hospitalizada tras tomar pastillas con dosis de hasta 2.250 mg diarios, una cantidad muy superior al límite recomendado por la OMS (200 mg diarios para una persona de 68 kg).
Según los investigadores de NYU Langone, sus pruebas revelaron niveles de enzimas hepáticas hasta 60 veces por encima del rango normal, lo que la expuso al riesgo de insuficiencia hepática y posible trasplante. Tras seis días de tratamiento, logró recuperarse, pero el caso sensibilizó a la comunidad médica sobre la peligrosidad de asumir que lo “natural” no puede causar daño .
El problema radica en la falta de regulación: la cúrcuma en cápsulas no es supervisada por la FDA antes de su venta, y muchos productos combinan grandes dosis de curcumina con pimienta negra, una mezcla que eleva la absorción hasta 20 veces. Esto puede saturar la capacidad del hígado para metabolizar estos compuestos, provocando toxicidad.
En diez casos revisados por la Red de Lesiones Hepáticas Inducidas por Medicamentos (DILIN), todos posteriores a 2011 y seis desde 2017, se detectaron lesiones hepáticas severas en personas que tomaban suplementación con cúrcuma, cinco de las cuales requirieron hospitalización y una murió. Además, se identificó que en siete de esos casos existía un alelo genético (HLA-B*35:01), que podría aumentar la predisposición individual al daño hepático.
A pesar de ello, hay pruebas de que la cúrcuma en cantidades moderadas, especialmente en la dieta, puede aportar beneficios antioxidantes y antiinflamatorios. No obstante, los especialistas advierten: la línea entre un suplemento terapéutico y un tóxico es delgada, especialmente cuando se consumen dosis elevadas o se combinan con potenciadores de absorción.

