El gobierno neuquino avanza con un plan integral para modernizar el sistema carcelario. La iniciativa incluye la construcción de nuevos módulos, renovación de infraestructura y un aumento del 83,8 % en la capacidad penitenciaria. También se aprobó una nueva ley policial, tras décadas sin cambios, con el objetivo de reducir el hacinamiento, mejorar el control y fortalecer la reinserción social. La propuesta busca saldar una deuda estructural y garantizar un sistema más moderno y eficiente.

Con una inversión histórica, el gobierno de Rolando Figueroa puso en marcha una transformación profunda del sistema penitenciario de Neuquén. A través de un plan integral, se duplicará la capacidad actual con la construcción de nuevos módulos y la renovación de infraestructura en las unidades existentes. El objetivo es claro: reducir el hacinamiento y garantizar condiciones dignas, con estándares modernos de seguridad.

La ampliación permitirá un incremento del 83,8 % en las plazas disponibles, algo inédito en décadas. A esto se suma la aprobación de una nueva ley policial, que actualiza normativas vigentes desde hace más de 40 años. Esta reforma apunta a mejorar los mecanismos de control y profesionalizar el sistema, en sintonía con una mirada más eficiente y humana de la política penitenciaria.

El enfoque no se limita al castigo, sino que pone en el centro la reinserción social de las personas privadas de libertad. Con estas medidas, Figueroa busca saldar una deuda estructural del Estado neuquino, consolidando un modelo más justo, moderno y seguro, pensado para cuidar a la sociedad y dar oportunidades reales de reconstrucción a quienes cumplan su condena.