El neurocientífico Russell Kennedy, autor de Anxiety Rx, plantea en el podcast Modern Wisdom que la ansiedad no es solo un problema mental, sino una alarma corporal enraizada en las experiencias emocionales no resueltas durante la infancia, que muchas veces determinan patrones de reacción distintos según el género.
Para Kennedy, la ansiedad surge de una intolerancia a la incertidumbre reforzada por traumas infantiles: el cuerpo almacena una tensión inconsciente que se reactiva ante lo imprevisible, y la mente responde generando preocupaciones que tratan de darle sentido a esa alarma somática.
Basado en su propia historia —haber vivido con un padre con esquizofrenia y trastorno bipolar—, demuestra cómo la falta de contención emocional deja una “alarma” permanente en el sistema nervioso. Este mecanismo evolutivo se agrava por la sobreestimulación contemporánea y la ausencia de espacios emocionales para procesar: la preocupación produce una falsa certeza negativa que recompensa al cerebro. Cuando no hay reparación emocional luego de conflictos —una explicación o consuelo tras una pelea, por ejemplo—, la herida queda abierta, predisponiendo a la cronicidad de la ansiedad. En adultos puede manifestarse en hipervigilancia, búsqueda de aprobación o repetir dinámicas familiares traumáticas (como elegir parejas con rasgos conocidos, aunque dañinos).
Según Kennedy, existen diferencias claras por género: las mujeres tienden a rumiar, revisando situaciones pasadas y cargándose de autocrítica, mientras que los hombres suelen expresarla mediante irritabilidad o frustración, evitando emociones como tristeza o miedo. Por eso insiste en normalizar la expresión emocional masculina, fomentando espacios para llorar y buscar apoyo.
Con críticas a enfoques tradicionales como la terapia cognitivo-conductual o el uso de fármacos —que suelen enfocarse solo en los síntomas o en la reestructuración del pensamiento—, Kennedy propone abordar la raíz somática del problema. En su lugar, recomienda prácticas de terapia somática: localizar la sensación física de ansiedad, respirar conscientemente sobre esa zona y acompañar la emoción corporal como si fuese la versión joven de uno mismo que no recibió consuelo. Para equilibrar este trabajo, sugiere alternar sensaciones difíciles con recuerdos positivos, y herramientas como escritura terapéutica, hipno-meditaciones, diálogo o grupos de apoyo (muy útiles, señala, para hombres que no están acostumbrados a verbalizar lo emocional)

