Inspirado en un sueño y en el deseo del propio escritor, el primer monumento en su honor adopta la forma de un laberinto de 8.700 m², repleto de símbolos de su obra, como espejos, relojes de arena y el infinito.
En medio de los viñedos de San Rafael, Mendoza, se erige el Laberinto de Borges, una obra monumental y viviente que rinde homenaje al célebre escritor argentino Jorge Luis Borges. Este laberinto, compuesto por 7.150 plantas de boj y abarcando 8.700 metros cuadrados, es el primer monumento realizado según el deseo expreso del autor, quien en 1984 manifestó: “Quiero laureles verdes, reales, vivos, no esos de oro o metal”.
El diseño original fue concebido por Randoll Coate, un diplomático británico y admirador de Borges, quien en 1979 tuvo un sueño revelador que lo llevó a imaginar este homenaje como un laberinto, en lugar de una estatua tradicional. Años más tarde, Camilo Aldao, sobrino de Susana Bombal —íntima amiga de Borges—, encontró la carta donde Coate relataba su visión y decidió llevar a cabo la construcción del laberinto. Tras múltiples gestiones y diez años de intentos fallidos en Buenos Aires, finalmente se eligió como emplazamiento la finca Los Álamos, casa natal de Bombal en San Rafael.
El laberinto está diseñado como un “libro abierto al universo” y cuenta con más de 2.500 metros de senderos que solo revelan su simbología completa al observarse desde una torre de 20 metros de altura, especialmente construida para tal fin. Entre los elementos simbólicos incluidos se destacan el nombre de Borges, el número 86 y el símbolo del infinito.
Este homenaje no solo honra la memoria de Borges, sino que también invita a los visitantes a sumergirse en un recorrido que evoca los temas recurrentes de su obra: el tiempo, el infinito y la identidad múltiple.

