Los trastornos de ansiedad, especialmente los ataques de pánico, se han incrementado en los últimos años, afectando a un número significativo de personas en todo el mundo.
El ataque de pánico se caracteriza por episodios repentinos de miedo intenso que pueden incluir palpitaciones, sudoración, dificultad para respirar y una sensación de muerte inminente. Estos episodios, que suelen durar pocos minutos, pueden ocurrir sin previo aviso y son más comunes en personas con antecedentes de ansiedad o estrés crónico. Expertos coinciden en que factores como el estrés laboral, la inestabilidad económica y la pandemia de COVID-19 han contribuido al aumento de estos episodios.
Aunque los ataques de pánico son aterradores, existen tratamientos efectivos como la terapia cognitivo-conductual y la medicación que pueden ayudar a las personas a gestionarlos. Además, se recomienda practicar técnicas de relajación y mindfulness, que han mostrado ser útiles para reducir la frecuencia y la intensidad de los episodios. La prevención y el apoyo emocional también juegan un papel crucial en el manejo de este trastorno, por lo que se insta a quienes experimentan estos síntomas a buscar ayuda profesional.

